No me veo como una princesa y mucho menos deseo un príncipe

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Soy de ese grupo de mujeres que confunde el romanticismo con la cursilería, de esas que disfruta de la vida de una forma básica, sin complejo ni complejidades. Soy de las que no va cada semana al salón de belleza o no pasa nada si repite la en el mes, soy de las que no se preocupa por peinarse porque disfruta su cabello como es, soy de las que puede no usar tacones y no se complica en tomar la ropa del día, generalmente es ropa cómoda, holgada, ropa con la que una es más feliz. A veces lloro sin motivo, y mi terapeuta favorita es mi mejor amiga y una botella de vodka.

A menudo suelo toparme con la eterna pregunta de… ¿cómo es que alguien como tú está soltera? Por mi mente pasan al menos tres respuestas viables y sinceras, pero todas son algo groseras por lo que siempre respondo con una mueca fruncida simulando una sonrisa.

No creo que el estado sentimental de una mujer, defina el grado de felicidad y plenitud de su vida.

He de confesar que siento cierta tristeza por las chicas a las que las definen las tallas y las marcas que usan, las chicas que creen que lo que tienen o lo que demuestran tener (aunque lo deban) eso es lo que valen. Ser “estéticamente perfecta” no te hace mejor o peor persona, disfrutar lo que haces, defenderlo y portarlo que tienes con orgullo sí.

No hay nada mejor que enfrentarte al mundo todos los días siendo tu misma, sin caretas, sin complejos, reinventándote cada día, evitando la rutina con miles de sonrisas al día. Y es que todas somos distintas y no puedes estereotipar o encasillarnos en un nicho de mercado. Somos mujeres no mercancías.

Yo no soy una princesa que está esperando que el príncipe la salve de los peligros, soy la mujer que se enfrenta hombro a hombro con su pareja para crecer juntos, y si no hay una pareja, soy de las mujeres que se rescatan solas.

Así soy, autentica, libre y sin caretas. Con príncipe o sin él, todas debemos tener el valor y la convicción de mostrar al mundo quien somos tal como somos.

Idea original: Carol Iturrizaga Calderón