Ninguna princesa se exenta de caer.

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Es muy sencillo ver el defecto ajeno, tan sencillo como llevarse una paleta dulce a la boca y disfrutarla. Nunca me había sentido tan expuesta mirando mi propia cara en el espejo, esa soy yo y nadie me esta diciendo nada es sólo mi conciencia, es sólo mi propia mirada; mi propio juicio. El día esta cambiando y me permite ver la verdad, no puedo yo ser como los demás y creer que la vida es segura no después de ver como es que la verdad se escupe por la boca, no después de verte esculpirlo todo hasta por los ojos. Ya no hay sueños que me salven de esta pena porque no puedo ignorar lo que ahora ya es una verdad.

Nada es como parece, nada es lo que dice ser, mírame aquí sorprendida y anonada por lo que aparentemente siempre fui y tristemente nunca me entere. Me siento como en antaño, cuando la edad y la obligación escolar te ponían en el ojo del huracán, expuesta e indefensa a la opinión ajena. Me siento como esas veces en las que no sabías que hacer para poder encajar y estúpidamente no sabías ni con quien, pero ahora es diferente pues ese juicio cruel es por ti, ahora me duele de verdad porque el sentimiento se genera a través de ti. Era justo que me dijeras la verdad pero hubiera sido mejor si al hacerlo te tocarás el corazón. 

Puedo mirarme al espejo, puedo iniciar mi propio juicio y hasta pensar en la posible sentencia, pero no puedo aceptar que hayas sido tú quien me hizo ver así, me siento triste por saber que piensas así y yo ni enterada, y yo pensando que estábamos en sintonía, que entendías mi personalidad y más allá de eso que la querías. Me abro para ver adentro y miro la realidad, alguien esta cayendo, alguien se esta perdiendo en el vacío… esa persona que hoy cae soy yo. 

Nunca nada es realmente como parece, todo tiene un fin oculto y lastimosamente hoy descubro que las cuchilladas en tus palabras tenían el fin de detener mi caída, amortiguar el golpe aunque haya dolido de cualquier manera. Me abro enteramente para ti, me abro para hacerte saber que hoy pongo mi corazón en tus manos porque aún con la confusión de tus acciones me has demostrado que te preocupas más de lo que yo podría hacerlo por mi misma.