Así de difícil es decidir seguir dejando atrás a esa persona que te hacía tanto daño

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Hay ocasiones en que solo buscas la respuesta al a interrogante de ¿por qué decidió alejarse? El dolor, la ira y el desconsolado llanto, no te dejan ver que todo tiene un fin y su hermosa relación, tocó fondo, suelta, respira, deja ir, es la más dolorosa pero más satisfactoria decisión que puedes tomar en tu vida.

Cuando tienes la dicha de vivir una larguísima relación sentimental, casi puedes tocar la nube de la estabilidad, esa a la que llaman la nube del “felices por siempre” pero esta nube es muy similar a la otra que se llama, “¡ey, es un error, no es para ti”

Ahora solo tratas de encontrar el momento en que se perdió la felicidad que tenían, ahora ya no puedes perderte en su mirada porque aunque te está viendo, él ya no te mira, ya no puedes sentir el millón de mariposas erizando tu piel cuando te toca, sus caricias ya no te pertenecen.

No puedes recordar el momento en que se rompió la vida que con tanto cuidado estabas construyendo para ambos, no puedes recordar cuando te soltó la mano, cuando camino para otro lado.

La estabilidad sobre la que caminaban se volvió algo así como pantanosa, y penosa. Su presencia se volvió intermitente, sus dudas eran tu esperanza, pero el amor no sobrevive con incertidumbre, no le gustan las dudas, no abraza iceberg. Él se convirtió en un grande y duro iceberg, ya no pertenecía a tu mundo, pero te aferrabas a su espalda pensando que todo volvería a ser como antes; así no funciona el amor.

Pareciera que es sumamente difícil dejar atrás eso con lo que según tú habías soñado, pero vivir con miedos y amar con reservas es precisamente lo que no te permitirá ver que frente a ti está el verdadero amor. No te aferres a lo que ya no es, porque créeme, nunca será.

Dejarlo ir puede parecerte la pero idea, pero sabes, hacerlo será doloroso, te calará hasta los huesos, seguramente sentirás que el alma arde, pero aun así será la mejor decisión que podrás haber tomado, solo así romperás con ese círculo vicioso que no te dejaba abrir tus alas para volar, para ser tú, para volverte a enamorar ahora sí de verdad.

Idea original: Edna Peláez