Sólo un hombre con un capricho de niño.

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Se me clavan en la cabeza todas esas cosas que dijiste para zafarte de mí, intento e intento incluso escucho música y aún la letra más alegre un par de palabras me recuerdan lo que has dicho. No puedo creer como es que cuando por fin tienes lo que quieres te das cuenta qué en realidad no era exactamente lo que querías. Como niño caprichoso al obtener lo que se quiere se pierde el valor que se tenía en principio. Así es como puedo definirte para no ser grosera, para no tener que escribir símbolos que censuren mi pensamiento, has sido sólo un niño caprichoso. 

“Necesito sanar mi heridas, no soy lo que necesitas, mereces a alguien mejor, puede tener más que esto, no estoy seguro de esto, ¿Y tus papás..? No creo que sea tiempo” Bla bla bla… sólo eran pretextos, todo era una mentira porque al final de nada nos sirvió el esfuerzo, ahora mira todo el dolor; todo el dolor que causa una mala decisión. Sucede que no has visto que eres un pequeño niño atrapado en el cuerpo de ese hombre que crees ser, veo que todo ese amor que decías sentir no era más que el capricho que tenías por saber si podías hacerte de mí.

No era amor, era un reto, era un berrinche o tal vez sólo la curiosidad que te daba a ver conocido alguien que tuviera tanto en común contigo. Acepto que yo también sentía esa curiosidad pero la diferencia es qué yo sí logre enamorarme de ti, yo sí pude ver las virtudes que podías tener en caso de aceptar estar conmigo, sin embargo, poco me duro el gusto. Buscaba un final feliz, busca un compañero y me encontré siendo el el viejo vaquero olvidado por ese astronauta novedoso. 

Las cosas siempre son o no son y no es que yo lo diga es que así es la realidad. Te miro siendo ese monstruo destruye-corazones y veo mi propio rostro pues yo también caí en el juego, tuve mi participación y mira en lo que todo termino. Puedo culpar mi vanidad, puedo culpar mi ingenuidad incluso puedo con mucho gusto culparte a ti pero así no son las cosas. Lo único culpable en la ruptura de este amor ha sido el interés obligado; el berrinche que juntos hicimos para ver si nos quedábamos.