No siempre el arco iris supone felicidad.

0
428

Mi visión de ella es más de lo que cualquiera pudiera decir, pero no quiero hablar de más porque la verdad de repente me da un poco de miedo la censura a la que sé me enfrento. Mi visión de ella es un como oscura aunque esté bajo un reflector porque su figura, porque la caída de su cabello, porque la forma de sus brazos, porque el largo de sus piernas, porque la silueta de su cintura, porque el grosor de su piernas… Porque todo su cuerpo son pensamientos aleatorios, porque su cuerpo son palabras que no se pueden decir en horario familiar.

Puedo culpar a la naturaleza sabia que ha creado un ser divino, puedo culpar a la sencillez en su caminar o lo rara de su personalidad por hacerla una mujer inalcanzable. Puedo lamentarme de mi propia naturaleza que contradice lo que digo o hago, puedo lamentarme de mirarte desde lejos porque quisiera yo estar mirando cada poro de esa piel y los vellos que se erizan con lo frío de mi respiración pero es que no consigo alcanzar esa libertad.

Con el plan de engañarle hasta pienso en disfrazarme, en ser quien quiero y no quien debo. Ella es perfecta, ella alimenta ese fuego y a la vez ella podría calmarlo. Mi visión de ella parada en esa ventana hablando de su día es común aunque el corazón lata fuerte y me hable como si yo fuera su mejor amiga.

Lamento cada momento en el que yo le hice creer eso, cada momento en el que la deje pensar en amistad y la verdad es que lo único que intentaba era en ser amable, lo único que buscaba era ser la persona adecuada para que entrar en confianza. Ella lo sabe, ella sabe que la amistad no incluye besos en los labios, ella sabe que la amistad no permite tomarse así de la mano, ella sabe que estar acostados y aferrados no es lo que una amistad normal implica. Puedo culparle por ser tan linda, por aprovechar esos ojos profundos, por teñir de rosa esos labios carnosos, por colorear sus cejas y volverse linda cada día.

Pero la culpa la tengo yo por no entender que en la vida hay papeles y roles que se imponen sin pedir y peor a eso que se deben de cumplir. Mira estas manos sinceras una vez más, míralas temblar, míralas ser quien no quieren ser y míralas sujetarte de la cadera mientras susurro la verdad arriesgándome a una separación sin oportunidad.