Un fantasma al pie de mi cama.

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Su mente se enferma todos los amaneceres, debe inventar una razón para continuar respirando, todos los días es lo mismo; un alma enferma y moribunda que podrida por la maldad ajena debe luchar con la obligación que la sociedad le impone de despertar y levantarse para continuar. Ella ya no tiene nada que continuar, su vida le ha sido arrebatada, respira pero muere cada día, su alegría se ha ido por la basura, después de ese primer cambio de sabanas ¿Acaso alguien puede verla? Ninguna persona es capaz de conocer la verdad a través de la mirada, porque los ojos engañan, porque los sentidos mienten, porque las penosas en las que confías a veces no son las mejores.

¿Cómo proteger a quien no pide ayuda? La imagen en su cabeza es clara, ni la oscuridad obvia de esa noche le puede ayudar, es repulsiva y a veces vomita, no come y se lava tanto como puede. No es culpa de ella pero ella no lo sabe, su boca es hermética, no puede tener alguien tan joven la inteligencia de un adulto que puede pedir tantas cosas de diferentes maneras, ella sólo conoce una; ella sólo conoce la redención y la aceptación obligada. 

La vida no esta hecha para temer, la vida no es para morir mientras caminas, no es para hundirse en el infierno cuando la luna se postra y las personas que se suponen nos cuidan se duermen, no es para eso, no es para llorar en silencio y dejar que se salga con la suya. Sin importar el miedo siempre habrá alguien dispuesto a hacer algo por ti, por mí o alguien más, es cuestión de arriesgarse. 

Ella ya no tiene opciones, se ha quedado pensando que es el destino que se eligió para ella, pero no sabe que todos podemos hacer algo para cambiar lo que no nos gusta. Ella ya lo presiente, ahí viene la rutina, ahí viene el verdugo de sus alegrías, supuesto protector, defensor o figura poderosa, no puede hacer nada porque las amenazas se desbordan, no hay nada que hacer o la destrucción de los demás podría ser su culpa. El silencio es un talento y al mismo tiempo todo un tormento.