La adicción del infiel es la peor.

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Es muy fácil decirlo, es muy fácil hacerte que dices lo cierto y que tienes la boca llena de razón, pero de verdad has sentido que cumples con lo dicho, con lo prometido… No me lo respondas a mí, déjalo para ti, para que lo proceses, para que lo digieras y te hagas saber si en verdad has cumplido con la promesa social, con esa promesa de respeto y compromiso para poder ser un mundo equilibrado. Sé que las cosas no han sido como lo has querido, sé que nada ha sido como lo he deseado y es que puede volverse adictivo esa emoción que desprende lo prohibido.

Si ya sabes que no debes, si ya sé que no debo… Pero es que es tan divertido jugar al ignorante, jugar y probar el sabor del poder, de la manipulación y sobre todo del peligro a ser descubierto. Sé que puedes sentirte superior por creer que me tienes bajo tu control, que realmente puedes hacer cuanto te plazca y no pasa nada, pero las cosas no siempre son como quieres. Es la adicción del infiel la más peligrosa porque miente a su pareja, porque miente a sus amigos, porque miente a su amante, porque miente al mundo entero y porque se miente a sí mismo. 

Juega tú tu propio juego, no quiero ser parte de estos recuerdos que terminan siendo cuchillos, no quiero ni siquiera decirte que me has herido porque es tan obvio como el azul del cielo. No vengas a decirme que nunca lo harás porque sé que lo único que quiere decir eso es que no volverás a fallar, no volverás a equivocarte como para ser descubierto, eres de esos hombre que no dejan nada bueno y no te culpo pues la única persona culpable aquí soy yo por seguir y seguir como si fuera mi obligación darte lo mejor de mí. 

Ya no veo sentido, ya no veo un porque o un para qué. Dejaré todo como estaba y yo me iré volando por la ventana, te dejaré en la mesa las llaves de la puerta con la promesa de que nunca volveré.