Lo siento por el hombre que dejé.

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Una noche abrí los ojos y te mire a mi lado, eras como una estatua pero respirabas, con cuerpo perfecto simplemente te me antojabas, con labios rosas me pedías que te besará. La imagen era perfecta, casi borrosa de ensueño, era tan lindo todo junto con las sensaciones no podía ser real pero en el momento lo fue. Las paredes callaron para siempre, para guardar el secreto de lo que aquí sucedió, pero es que estas paredes vuelven mi espacio muy pequeño, este cuarto es mu pequeño, no me ajusta para hacer las cosas que quiero.

No había nada mejor, no había nada que me hiciera escapar del letargo hermoso que me proponía tu mirada, tu piel en la mía, nada más bello que eso aunque toda esta perfección me da un poco de miedo pues la perfección sólo es para los cuentos de fantasía y es casi una ley de vida; que la vida común y corriente no puede ofrecer semejante atrocidad porque qué sería de la vida sin un poco de problemáticas… 

Estoy segura que puedo hacerlo mejor, estoy segura que las cosas son así porque me distrae mi propia crisis existencial, no es que de esta forma yo pueda resumir toda mi experiencia, es sólo que esta vez no me sale como yo quería. Enfada por la situación lo único que me queda es volverme huracán y dar vueltas hasta que me canse.

No resumo mi vida en los fallos, no se puede basar la vida en las fantasías o en los sueños que pueda tener, ahora mismo te sigo soñando, esa lluvia de diamantina no deja de caer, quedo deslumbrada y con muchas ganas, las ideas se comprimen en mi cabeza, la presión puede hacerla estallar aunque al final de todo esto despierto… Para darme cuenta que nada es verdad que sigues siendo un sueño, que no hay nada de lo que yo quiera.