Cuando despierto sintiéndome vacía

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Despertar hacia un nuevo día, con nuevas energías y nuevas esperanzas… así deberían ser todos los amaneceres. Pero no, cuando despiertas sintiendo un profundo vacío, es desesperante, extraño. ¿Por qué? Si nada ha pasado todavía, si no tengo motivos aún…

Despertar sintiendo un vacío es un sentimiento profundo, algo atado a tu esencia, a tu alma. Es como si alguna pequeña parte de ella se hubiera desencajado, como si hubiera salido a caminar, a dar un paseo sin ti, sin avisar ni pedirte permiso.

Entonces, abres los ojos para mirar al mundo, pero no con ilusión sino con una profunda apatía que llena tus sentidos. Sientes que realmente nada, absolutamente nada te importa, y te preguntas ¿qué me pasa? ¿Qué sucedió? ¿Se ha escapado algo de mi? ¿Esto es normal? Es un poco agobiante, sobre todo si eres una mujer sola, si tienes que forzarte a seguir adelante.

Tener esa sensación de vacío enorme desde tan tempranas horas es como haber colocado todos tus sentimientos en pausa. ¿Es acaso tu mente, intentando defenderse de la realidad, buscando la manera de protegerse? Pero, ¿protegerse de qué? ¿Qué nos lastima? ¿Qué nos molesta? ¿Qué nos agobia?

Más allá de eso, ¿cómo podría volver a ser la de antes? ¿Debo buscarte? Porque ni el más rico chocolate o vino me cura ni reconforta.

Cuando despierto vacía, sin ti, incluso la comida no tiene sabor, el día es solo otro día y las personas son sólo cuerpos. Estoy presente, pero mi mente divaga, vuela por otros lugares, pensando en todo y en nada. Luego tomo asiento, mirando cualquier cosa sin significado alguno.

Quizá mi mente y alma se han quedado contigo mientras me has dejado el cuerpo como un caparazón, o quizá me hago la vida demasiado complicada. ¿A qué le tratas de buscar sentido?, me pregunto. ¿No es normal que algunas cosas simplemente no tengan un propósito claro?

Tal es la sensación, que no quieres ni saber de ti.

Luego, te esfuerzas un poco más por entrar en razón, buscando el motivo por el que has despertado con esta sensación. Y mientras tratas de buscar cualquier cosa que te llene ese día, te das cuenta de lo inútil que es.

Pasa el día, transcurre la tarde, y llega la noche. Después de haber vivido el día de hoy como una cáscara vacía, finalmente te quiebras, te desplomas y tu alma llora, porque te das cuenta de que hay algo muy grande que la aterroriza, que la hiere.

Estás sola, y a veces te sientes débil, pero sabes que eso esta bien, porque es de valientes a veces ser débil.