El proceso de dejarte atrás

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No le encuentro sentido al tener que comer ¿De qué sirve? No tengo hambre, toda la comida tiene desazón, así como mi corazón, aunque mis amigos insistan en que coma, que refuerce energías para poder afrontar el día, que quizás eso es lo que le hace falta a mi cuerpo para poder equilibrarse poco a poco nuevamente.


Estar rodeada de personas me hace sentir pequeña e incómoda, porque sé que pueden leer mi cara, sé que pueden leer mi desdicha grabada en mi rostro, en tan solo los gesto, cuanto desearía por desaparecer en este momento y aparecer envuelta en la comodidad de mi cama, no puedo soportar su falsa simpatía o aquella lástima que me transmiten.

Aunque intenten ser amables conmigo e intenten sacarme sonrisas, es algo demasiado difícil que pueda suceder, es incómodo, como si felicidad fuera un sentimiento que nunca abordo mi cuerpo, como si tan solo el sentimiento me hubiera abandonado completamente y sonreír se sintiera tan impropio, una abominación, algo extraño a mi cuerpo, a mi vida, cuanto me duele el corazón.

Por más que me esfuerce en seguir sus juegos de distracción y les sonría de una manera en la que sienta que mi boca se tuerce en un gesto extraño, la sonrisa no llega a mis ojos, no llegará a mis ojos… Lo sé, es tan fugaz, sé que ellos intentan sacarme de mi encierro para que no termine de regodearme en mi dolor.

Verlos tan felices solo aumenta mi incomodidad, ¿Por qué tengo el tonto impulso de salir de acá y de sus preguntas constantes de si estoy bien? ¿Si has vuelto a llamar? ¿Si te he escrito otra vez? ¿Si me entere de tus pasos sin querer? ¿Si te odio? ¿Cuánto te odio? ¿Si he vuelto a llorar? Me cuesta y me pesa cada vez más cada pregunta que ellos me hacen, sé que se preocupan, pero necesito mi espacio, aunque cuando lo tengo en vez de sentir alivio por poder respirar… Solo me ahogo.

Al poder entrar en la soledad de mi habitación, me hundo en la cama mirando a la nada, no sé en que momento empecé a derramar lágrimas, como todas las noches, solo que esta vez no llore en medio de una canción, esa que un día me dedicaste, ni en la ducha por recordar tu cara, ni al frente de mis amigos al criticarte, es tan desesperante, cuanto me duele extrañarte. Sobre todo, cuando sé que tú ni por asomo lo haces, cuanto me duele amarte. Desearía por tan solo una noche ya no ser yo, ya no ser aquella chica cruelmente enamorada.

Romina Atencio