Mal contigo o mal sin ti

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Al conocerte me sentí deslumbrada, ¡yo, una adolescente de apenas 16 años y tú, un hombre mucho mayor. Era una chiquilla para ese entonces, cambie las muñecas por salidas, me hiciste sentir mujer cuando todavía me veía como niña. En mi inocencia me hacías pensar que yo era importante, pensaba que, ¿cómo un hombre de 25 años podía fijarse en una persona como yo?

Desde pequeña tuve la autoestima baja, una infancia con muchas carencias materiales y afectivas. Siempre luche por la atención de mis padres, no me sentía bonita y mucho menos atractiva. Padecí siempre de comparaciones con mi hermana mayor, que era muy hermosa y, por ende, llamaba más la atención.

Al conocerte, sentí que me llenabas y nada más me hacía falta tú presencia. Me creí enamorada, y por el solo hecho de haberte fijado en mí, te convertiste en lo más importante de mi vida. Solo quería estar contigo cada momento de mis días. Pero pronto empecé a ver la verdadera cara de tu supuesto amor. Al entregarme a ti, empezaste a alejarte, y yo siendo iocentemente enamorada, te buscaba y te rogaba que volvieras a mi lado.

Nunca me diste cariño, ni respeto. Recuerdo cuanto me minimizabas, me creías incapaz de realizar un proyecto, y yo te creía. Insultaste mi inteligencia cada vez que quisiste, y cuando te descubría tus infidelidades te hacías el ofendido, volteabas los papeles y terminaba yo sintiéndome culpable.

Con el pasar de los años, y cayendo en cuenta de la realidad que estaba viviendo, me hacia la pregunta, ¿Prefiero estar mal contigo o mal sin ti? Prefería estar mal con contigo, pensaba que al no ser pura nadie me podía querer, sentí que te necesitaba para vivir, no creí poder seguir sin ti a mi lado.

Intente por todos los medios hacerte feliz, me convertí en lo que querías, una dama ante la sociedad, y la más ingeniosa en la cama. Pero de nada sirvió, tú nunca te enamoraste de mí, y por más que me esfuerce jamás vas a ser mío. Consumiste mi cuerpo y mi alma como el fuego en un bosque árido. Al verme al espejo veo lo que queda de mí, ya no soy la niña que jugaba a ser feliz a tu lado, ya  comprendí lo duro que puede ser amar, y aunque me duele, prefiero seguir esperando por ti.

 

Beatrix