Lamentación costeña

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Cuando vives en la costa, las puestas de sol dejan de provocarte las mismas sensaciones, pero no ocurre así en mi caso. Más bien, en atardeceres de playa como este, mientras escucho los autos pasar y la gente caminando y divagando sobre sus vidas, las olas rompen mientras tanto en las rocas, así como mis pensamientos, que se estrellan en mi mente. Quizá por eso me es fácil pensar aquí, en la playa.

Un montón recuerdos salpican mi cabeza, dejando una estela de agua fría que se esparce por los aires al chocar contra las piedras.

Entre tanta espuma de pensamientos, surgen memorias, preguntas tan banales, y otras en las que no quiero pensar. ¿Estuvo bien lo que le hice? ¿Como se habrá sentido? Esas simples preguntas atadas a sensibles recuerdos, con un peso tan grande que me sobrecoge y no quisiera recordar.

No quisiera tocar muchos malos recuerdos ni seguir pensando en mil equivocaciones. Es un momento mágico de reflexión en el que prefiero revivir las cosas hermosas que vivimos. Todas ellas, sin necesidad de buscarlas, vienen a mi mente.

Y entonces llega tu recuerdo… Aún recuerdo esa linda sonrisa que me dabas cuando me mirabas. Una expresión tan fresca como la brisa del mar soplando en mi rostro. Sin embargo, tu sonrisa penetraba en lo profundo y me refrescaba el alma, me avivaba.

Sonrío mientras por mi mente pasan todas esas memorias. Y qué bueno pensar que el recuerdo de tu sonrisa pueda superar mis desdichas. Pero es quizá lo único que sostiene lo inevitable, pensar en aquello que desde entonces me carcome el alma silenciosamente.

¿Dónde estarás en este momento? ¿Soy culpable? ¿Te he hecho daño? ¿Porqué no pude hacerlo de otra manera? ¿Estuviste muchas noches en vela? Qué cobarde fui en ese momento, qué amarga, qué detestable… irónica.

Como me gustaría tanto devolver el tiempo… ¿Tendría el valor de decírtelo nuevamente? ¿Lo diría con otras palabras? ¿Dolería igual? Cómo me consume pensar en ese día, en ese fatídico día en el que te lastimé, en el que fui tan inconsciente solo pensando en mí.

Por eso, muchas tardes como estas, viendo la inmensidad del mar, quisiera poder encontrarte, tener el valor de buscarte. Quisiera poder hablar contigo nuevamente y mirar a esos ojos que tanta felicidad desbordaban. Quisiera tan solo saber que estás bien, que saliste adelante. Me daría tanta calma saberlo…

Muchas tardes como esta, frente a esta playa, testigo de lo nuestro, tu sólo nombre me llena el alma de remordimiento. Te he destrozado el corazón, te rompí la ilusión. Merecías más que un mensaje, más que mi indiferencia, más que a una mujer tonta que no supo valorarte.

Pero ahora es muy tarde para decir lo siento, para demostrarte cuánto remordimiento me consume y lo seguirá haciendo el resto de mis días. Ojalá algún día me perdones, o yo misma pueda perdonarme.