A veces no me atrevo a preguntarte por temor a tus respuestas

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Las dudas secretas rondan en la mente sin permitirle conseguir paz, son como aquella piedrita que se mete en tu zapato en un día caluroso y no encuentras la manera de sacarla de ahí. Fue de esa manera que aquel pensamiento se albergó en mi mente.

Quizás no sea exactamente una duda sino un pensamiento que he dejado para mi. Tal vez soy un poco cobarde, pero muchas veces mastico el pensamiento y quiero contártelo o tan solo preguntarte… Pero algo me lo impide. No sé si es la cobardía o la incomodidad de una respuesta que no quiero escuchar, porque aunque no lees mi mente ¿podrás entender mis sentimientos? ¿Puedes verlos en mi cara? ¿Puedes sentirlos?

A veces ignoro qué tanto realmente te expreso sin usar palabras. Creo que soy algo tosca en eso. En mi cobardía y confusión, mantengo las palabras en mi boca, las palabras que tanto quiero y no quiero soltar.

Cuanta contradicción… Me da ansias solo pensar en ello. ¿Soy débil?

Me recriminó muchas veces por mi falta de valor, por mi poco impulso. En ocasiones, dudo que sea falta de impulso, pues aunque debato conmigo misma, al final la guerra interna en mi cabeza llega a un mismo punto de quiebre, una y otra vez.

Te amo tanto… Que mi piel se eriza de tan solo pensar una respuesta que me pueda derrumbar, que nos pueda quebrar, cuanto escalofrío me da.

Sé que quizás el decírtelo puede solventar todas mis dudas o dinamitar una realidad que me niego a aceptar, no voy aceptar, me cuesta aceptar. Mírame aquí otra vez teniendo en caos mi mente por pensar demasiado, por matarme pensando.

Siempre he escuchado que el peor enemigo pueden ser nuestros pensamientos, y si se unen a la inseguridad, provocan el estallido perfecto para mi mente salvaje.

Instantes como estos en los que me das la espalda mientras duermes plácidamente, me pierdo contando los lunares de tu espalda que puedo apreciar en medio de la penumbra. Son como una pequeña constelación en el mar de tu cuerpo. Me encantan casi tanto como tú, nunca han dejado de ser mi debilidad en medio de la encantadora tarea de perderme contándolos. Se pierden también mis pensamientos y empiezan a perseguirme… ¿A dónde irá todo esto? ¿Hasta donde llegará?

No tengo certeza de muchas cosas en mi vida pero tengo la certeza absoluta de que te amo, no sé hasta cuando, o si será eterno, pero me aferro a la idea de que así sea. Porque, si no lo fuera ¿Tomaríamos caminos diferentes? ¿Me recordarás como yo lo haré contigo? Tan solo espero tener la madurez necesaria para afrontarlo si algún día llega a suceder.

Autora: Romina Atencio