Fuiste mi café matutino, pero ya dejé el vicio

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Mi día empezaba con un mensaje tuyo, era perfecto. Tu mensaje matutino era como mi café de todas las mañanas, ese que te despierta y te pone automáticamente de mejor humor con un gran sonrisa en la cara, con la sensación de que te puedes comer al mundo y nada ni nadie podrá contra ti. Eso es lo que causaba unas pocas letras de tu parte, ser invencible, era tan energizante.

Poco a poco fuiste iluminando más mis días con aquellas charlas sin sentido, fuiste abriéndote cada vez más un espacio en mi corazón. Más del que ya tenías, del amor que nos profesábamos, tan calmante, puro y lindo. Ese sentimiento que sin querer coloca una sonrisa tonta en tu rostro al solo cruzar por tu mente el nombre de la persona que amas con locura.

Algunas ocasiones encontré tus acciones un poco errantes, sin sentido, sin origen, pero eso era así para mi, ¿qué habrá pasado por esa cabeza tan peculiar tuya? Lo dejaba pasar porque a pesar de eso no dejabas de abarcar cada vez mis días, mi corazón, mi vida. ¿Era lo correcto? Aunque… ¿Quién puede ser un cuerdo enamorado? Yo no pude.

Recuerdo esas incontables noches en que el que nos desvelábamos hablando de todo y al mismo tiempo de nada, de nuestro futuro. Un futuro juntos. ¿Tan ilusos fuimos?… Quiero decir ¿tan ilusa fui? El futuro a tu lado se veía tan prometedor, tan pintoresco, querer crecer juntos de todas las maneras posibles era tan motivador… Pero las ilusiones se fueron metiendo cada vez más debajo de mi piel como pequeños intrusos, yendo más adentro, con destino final a mi corazón y a mi cerebro.

Fui siempre una persona de palabra, nunca me ha gustado solo hablar por hablar, porque entonces ¿para que siquiera hablamos? ¿Para que dar pie a falsas promesas?

Por más que sacrifique e intenté motivarte, no fue suficiente. Al principio, el que vieras todo lo que estaba haciendo para surgir juntos te motivó. Verte motivado me hizo arriesgarme más. Y ahora pienso, cuántas cosas locas te hace el amar a alguien, ¿cierto?.

Sacrifique muchas cosas en mi vida por el amor, por nuestro futuro juntos, el que vilmente agarraste y desechaste como si fuera un residuo tóxico, no te importó tan solo jugar conmigo, con mis oportunidades. Me ataste a ti con falsas palabras mientras tras de todo eso solo había acciones que hasta hoy tratas de esconderme y negar. Qué ilusa fui por haber tenido fe en ti.

Mi día, mi semana, mi mes y mi vida comenzaban por ti, pero ahora comienzan por mi.

Autora: Romina Atencio