Los cien tropezones.

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Ella era una chica dulce, de buenos sentimientos, una muy buena amiga y muy risueña y aunque a veces a esa joven no seguía consejos de sus amigos, lo importante para ella es estar unida a ellos. A pesar de una buena crianza y unos buenos estudios, en el amor no tenía buena suerte, las falsas amistades en sus tiempos de adolescencia, los engaños e intereses de aquellos hombres que le causaban mariposas en el estómago la desilusionaron por completo, ella solo miraba a las parejas a su alrededor y se sentía incomoda.

Los días para ella pasaban volando, sentía como si su tiempo era una bomba a punto de estallar, como si no tuviera esperanzas. La mayoría de sus amigos la querían como algo más que una amistad pero ella no quería darle oportunidad a nadie.

Ella solo seguía esperando por un “príncipe azul”, aquel caballero de noble armadura con su caballo para que la rescate de las garras de aquellos tristes interesados.

La joven disfrutaba con su grupo de amigas, las cuales ya tienen pareja; ellas estaban caminando rumbo a la universidad, entre cuentos y risas a nuestra chica le llamo la atención alguien más, un chico guapo de alta estatura, ella lo observó y se sintió como si su tiempo se detuvo, eran ella y él solos, alineados en un solo camino pero a la vez muy distantes, la chica estaba totalmente cegada, siguió caminando hasta finalmente chocar contra un poste de luz.

Además del poste de luz, la flecha de cupido golpeó su cabeza. Al despertar lo perdió de vista y sus amigas estaban preocupadas por ella.

Pasaron los días y nuestra chica estaba desesperada, no sabía nada sobre esa persona, no sabía su nombre solo sentía la necesidad de volverlo a ver, inmediatamente une su rostro a una almohada para calmar sus inquietudes, pero ya era demasiado tarde, ella se enamoró de un desconocido.

Al día siguiente ella se encuentra con una de sus leales compañeras y le comenta sobre su amor inédito, de pronto aparece él, la cara de nuestra chica estaba hirviendo a temperaturas que llegan hasta el cielo, mientras tanto su amiga saluda a aquel chico y él le responde lo que sorprende a nuestra sonrojada, casi desmayada y enamoradiza amiga. La compañera se da cuenta y comienza a sonreír y a hablarle e incluso darle el nombre, después de ese día la historia de sus choques con los postes de luz se repiten.

El tiempo pasa y nuestro amigo se integró al grupo, las compañeras de la chica intentaron ayudarla de manera discreta convirtiéndose en unas cupidos, pero no les resulto. El joven se dio cuenta de los sentimientos de la chica pero al principio no le correspondió.

Aquellos meses fueron difíciles para nuestra amiga pero ella no se dio por vencida, siguió luchando para poder ganarse a su gran amor, luchó en contra de los pensamientos negativos de él, luchó en contra de lo que dice su familia, luchó hasta en contra de sus amigos, aquellos que nunca le dieron la esperanza de que estuvieran juntos. Finalmente, el amor venció.

Quizás a cualquiera de nosotras nos ha pasado como a nuestra chica y quizás al leer esto lo tomamos de manera divertida o bochornosa y aun más cuando la estamos leyendo en pareja.

Cuando se trata de amor, no importan los obstáculos si se pueden alcanzar y vencer.

LadyVris