Un amor consumido, un amor que lastima

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Woman. Quarrel.

Puedo contar con una sola mano las veces que me he enamorado locamente, con ambas las veces que he querido a alguien más allá de mis propios estándares, a veces confundiéndole de amor o enamoramiento. Pero me sería imposible contar las veces que me ha atraído alguien. Por eso, si es tan fácil mirar a alguien que te llame la atención por su forma de hablar o sus atributos, ¿por qué ya no me ocurre hace tanto tiempo?

Es algo inusual, y se convierte en un pensamiento incómodo cuando te sientes vacía de tal manera que nadie te atrae ni una pizca y llegas a pensar que quizás es una etapa de sequía emocional. Pero, ¿es eso posible? ¿Tener sequía emocional? ¿Se habrá descrito alguna vez tal cosa en un libro de amor? Quizás no he encontrado a alguien que realmente llame mi atención más allá de lo banal, más allá de lo simple. Quizá no he podido olvidar lo último que me pasó cuando me atreví a amar.

Las primeras veces que te atrae alguien es una sensación emocionante, no sabes qué te traerá el destino con esa persona o qué conllevan esos nuevos leves sentimientos. Los percibes como una montaña rusa o un tren sin destino en el que quizás encuentres una parada atractiva donde bajarte. Aunque también podrías seguir paseando, entendiendo que no funcionó y que habrán otros lugares y caminos que recorrer.

Quizás… Solo quizás, si tienes suerte o las cosas están a favor de tus sentimientos, tengas una parada en la cuál bajarte y puedas seguir descubriendo un nuevo camino de posibilidades, nuevos sentimientos. Pero el secreto es tratar de mantener los pies en el suelo… Intentarlo, porque es casi imposible mantenerlos ante esas sensaciones violentas que te harán sentir suspendida en el aire.

Luego, suspendida en el aire, puedes fácilmente cometer el error de confundirte e idealizar o montar en un pedestal a esa persona, para ti tan especial. Y es entonces cuando subes empinada a tu peor pesadilla: la dependencia emocional. Una dependencia en la que la felicidad ya no es tuya, ya no te pertenece. Depende de alguien más.

Es entonces cuando mi mente empieza a desvariar entre tantos sentimientos entretejidos. Es entonces cuando se hace difícil diferenciar un amor sano de uno enfermizo, tóxico, corrosivo. Sólo se hace evidente la diferencia cuando te encuentras consumida por el amor que tanto disfrutaste al principio, siendo participe de tu propia destrucción emocional, y te preguntas ¿es ésto lo que estaba buscando?

Yo me di cuenta de que no era así. Que no tenía sentido ser la espectadora principal y al mismo tiempo participe de la muerte de mis sentimientos, dejando que el que crees que es el amor de tu vida ultraje todos tus sentimientos sin contemplación como un capricho personal mientras vive intensamente todas las diferentes formas de lastimarte… como si las disfrutara todas y cada una… Es cuando me doy cuenta de que el amor es… tan irónico…

El amor es tan irónico porque… ¿En qué momento buscamos o aceptamos el amor que creemos merecer?

Autora: Romina Atencio