Por qué no debes volver con alguien que te hirió en el pasado

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He llegado a pensar que conocer a ciertas personas que resultan tóxicas y nocivas para ti y el tenerlas cerca de tu vida se convierte en una necesidad que acaricia a la adicción.

Existe algo inexplicablemente irresistible en ellas, es esa medida exacta entre estar lejos pero lo suficientemente cerca, casi fuera de tu alcance, esa sensación de sentir que tu piel se eriza por que rozó tu mano pero no puedes fundirte en sus brazos.

Sonríes al teléfono cuando ves su nombre en la pantalla. Sin dudarlo, intercambiarías parte de tu vida por poder gastar lo que resta haciéndolo reír, ser el motivo de esa mueca torcida que es su sonrisa. Todo el día estas con ansias de sentir raro cosquilleo que solo te produce su mirada cuando solo están ustedes dos en el mundo, pero cuando por fin llega el momento y lo miras a los ojos, te das cuenta que no estás ahí, que no hay nada, que están vacíos.

Después, te das cuenta que no solo sus ojos están mirando a la nada, también descubres que aunque te dice hermosas palabras estas son frías, duras, como de concreto, sin embargo las aceptas con una sonrisa y las agradeces con un beso igual de frío y sin sabor. Pero ese beso agrio y esas palabras te producen un agradable dolor al que de manera casi hipnotizante siempre regresas, siempre frecuentas. Es un sentimiento que duele pero no quieres perder.

Cuando chocas con el concreto de la indiferencia, llegan a tu mente las frases de: “Ten paciencia, seguro tuvo un mal día” “Apuesto que mañana será diferente” derramas inocencia, una parte de ti sabe que no es verdad, que ya no hay nada ahí que los mantenga juntos, que de seguir ahí todos los días volverá a dañarte, que ese tempano de hielo lo alimentas con tu ingenuidad, sabes que no va a cambiar, pero generalmente la parte que “no lo sabe” es más fuerte y permaneces ahí; sumisa, esperando el siguiente desplante.

Con frecuencia confundimos la costumbre y la rutina de no saber estar solos con amor, el estar enamorados o atraídos por alguien, muy seguido nos hace idealizarlos, disculparlos por más errores que tengan, por muy mal que te traten. OJO… a veces no podemos controlar nuestros sentimientos, el corazón generalmente está peleado con la razón, a la menor provocación sale corriendo con los cordones desatados obligándonos a darnos de bruces contra el pavimento, pero si podemos controlar como nos tratan los demás.

Es muy fácil detectar patrones que con frecuencia repetimos, lo difícil es salir de ellos. Siempre nos dicen, no te conformes con menos de lo que mereces, ¿Por qué nunca lo hacemos? Quiérete más de lo que lo quieras a él, respétate, valórate.

Por difícil que sea, hay personas que por mucho que nos atraigan no merecen que nosotros hagamos el sacrificio.

Idea original: Nicole Lavanchy